A lo largo de casi un año y medio una tripulación compuesta por seis astronautas han simulado un viaje hasta el planeta rojo, un aterrizaje y han llevado a cabo varias salidas en un terreno de las mismas características que la superficie marciana.
Los seis participantes en el primer simulacro de un vuelo completo a Marte vuelven a ver la luz natural tras 520 días de encierro, la duración prevista de la travesía de ida y vuelta al planeta rojo. En declaraciones a la radio Eco de Moscú, Alexánder Subórov, uno de los responsables del proyecto, ha calificado de “éxito” el experimento, señalando que “se ha demostrado que un equipo humano puede soportar las condiciones de confinamiento dentro de una nave espacial durante tanto tiempo”. Según él, “ahora deberán acostumbrarse a otros olores y ruido, a otro tipo de aire y deberán volver a comunicarse como antes con la gente”. La idea principal del experimento ha sido reproducir de la forma más fidedigna posible las condiciones de una singladura interplanetaria con el objetivo de determinar las consecuencias psicológicas que tal aventura tendrá para los “astronautas” dentro del reducido espacio de una nave espacial.SIMULACIÓN DE LAS ZONAS OSCURAS

Durante el “viaje”, que comenzó el 3 de junio de 2010, se han simulado averías, situaciones de emergencia y otro tipo de contingencias inesperadas para evaluar la capacidad de reacción de los cosmonautas. Las comunicaciones con Tierra han reproducido el retraso de llegada de la señal a determinadas distancias. También las “zonas oscuras”, momentos cuando se perdía el contacto con el centro de control. La “nave”, ubicada en una de las alas del Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú (IMBP), consta de tres módulos en forma de cilindro con una capacidad total de 550 metros cúbicos. Está dotada con un gimnasio y un decorado de la superficie de Marte, a donde tres de los seis viajeros del espacio “descendieron” a bordo de una maqueta el pasado mes de febrero para recoger “muestras”.El viaje ha estado en todo momento bajo el control de las agencias espaciales europea, rusa y china. España y EEUU también han colaborado en el experimento. El primer vuelo real a Marte, según expertos rusos y estadounidenses, no tendrá lugar antes de 2035.Lo cierto es que un viaje auténtico a Marte tendrá muchas dificultades y exigirá una mayor entereza psicológica de los participantes. Una nave espacial descarta la posibilidad de abandonar, posibilidad que sí han tenido los tripulantes de “Mars 500”. Estarán además expuestos a índices altos de radiación y a la posibilidad de ser bombardeados por una lluvia de meteoritos. La ingravidez es otro aspecto que no han sufrido los seis voluntarios, escogidos entre miles de aspirantes, que hoy vuelven a la vida normal.

Durante el “viaje”, que comenzó el 3 de junio de 2010, se han simulado averías, situaciones de emergencia y otro tipo de contingencias inesperadas para evaluar la capacidad de reacción de los cosmonautas. Las comunicaciones con Tierra han reproducido el retraso de llegada de la señal a determinadas distancias. También las “zonas oscuras”, momentos cuando se perdía el contacto con el centro de control. La “nave”, ubicada en una de las alas del Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú (IMBP), consta de tres módulos en forma de cilindro con una capacidad total de 550 metros cúbicos. Está dotada con un gimnasio y un decorado de la superficie de Marte, a donde tres de los seis viajeros del espacio “descendieron” a bordo de una maqueta el pasado mes de febrero para recoger “muestras”.El viaje ha estado en todo momento bajo el control de las agencias espaciales europea, rusa y china. España y EEUU también han colaborado en el experimento. El primer vuelo real a Marte, según expertos rusos y estadounidenses, no tendrá lugar antes de 2035.Lo cierto es que un viaje auténtico a Marte tendrá muchas dificultades y exigirá una mayor entereza psicológica de los participantes. Una nave espacial descarta la posibilidad de abandonar, posibilidad que sí han tenido los tripulantes de “Mars 500”. Estarán además expuestos a índices altos de radiación y a la posibilidad de ser bombardeados por una lluvia de meteoritos. La ingravidez es otro aspecto que no han sufrido los seis voluntarios, escogidos entre miles de aspirantes, que hoy vuelven a la vida normal.
Fuente: ABC
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